Una enfermedad grave, una incapacidad prolongada o el fallecimiento de una persona que aporta una parte importante de los ingresos del hogar puede provocar no solo un fuerte impacto físico y emocional para una familia, sino también comprometer su estabilidad financiera cuando no existe una planificación previa.
Aunque son escenarios que pueden modificar significativamente la economía familiar, hablar sobre enfermedad, incapacidad y muerte continúa siendo una conversación difícil de abordar. Precisamente, señalan los especialistas, el miedo, la incertidumbre y la percepción de que pensar en estos acontecimientos es negativo o prematuro hacen que muchas familias posterguen decisiones que podrían resultar determinantes cuando se presenta una emergencia.
De acuerdo con Marianela Piedra, directora Comercial de Mapfre Costa Rica, imprevistos como estos no siempre pueden evitarse, pero sí es posible prepararse para enfrentarlos. Precisamente, conversar anticipadamente sobre estos riesgos permite definir planes de acción y mecanismos de protección, además de reducir la incertidumbre en momentos de alta presión emocional.
“Si bien cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia de la protección financiera, muchas familias aún presentan niveles limitados de preparación ante eventos de alto impacto. Es común encontrar hogares que dependen principalmente de una o dos fuentes de ingreso, cuentan con ahorros reducidos o no poseen mecanismos de respaldo suficientes para enfrentar situaciones prolongadas”, explicó Piedra.
Una enfermedad también golpea los ingresos
Añadió que el impacto económico de una enfermedad grave también va más allá del costo de la atención médica. Medicamentos, tratamientos especializados, rehabilitación, transporte, modificaciones necesarias en la vivienda o la contratación de una persona para cuidar al paciente pueden convertirse en nuevos gastos para el hogar.
A estos se suman costos indirectos que pueden pasar inadvertidos hasta que ocurre la emergencia. Entre ellos se encuentran la reducción temporal de los ingresos, ausencias laborales, mayores gastos de movilización y alimentación, así como el tiempo que otros integrantes de la familia deben destinar al cuidado de la persona afectada.
La situación puede ser todavía más compleja cuando quien enferma, queda incapacitado o fallece es precisamente la persona que aporta la mayor parte de los recursos económicos. En este sentido, la disminución o desaparición de ese ingreso puede afectar inmediatamente la capacidad para pagar vivienda, préstamos, educación, alimentación y otras obligaciones.
“Ante la ausencia de una planificación, algunas familias pueden verse obligadas a utilizar ahorros destinados a otros objetivos, asumir nuevas deudas o incluso vender activos para hacer frente a sus compromisos, lo cual puede acrecentar la presión que se vive en ese momento”, mencionó la directora Comercial de Mapfre Costa Rica.
Por esta razón, añade, uno de los errores es considerar que disponer de algunos ahorros es suficiente para enfrentar cualquier eventualidad. “Contar con ahorros es importante y forma parte de una adecuada salud financiera, pero en muchos casos puede no ser suficiente para cubrir eventos de alto impacto económico o de larga duración”, señaló la especialista.
Ingresos para solventar las necesidades básicas familiares Para Piedra, responder a la pregunta de cuanto ingreso requiere una familia para poder solventar sus
necesidades básicas antes de que ocurra una emergencia es uno de los ejercicios que puede ayudar a determinar el nivel de vulnerabilidad financiera de un hogar.
Para hacerlo, se deben considerar los gastos mensuales, deudas vigentes, compromisos financieros, educación de los hijos, ingresos actuales, nivel de ahorro y metas futuras. Otro elemento relevante consiste en determinar durante cuánto tiempo sería necesario sustituir los recursos que aporta una persona si esta deja
de generar ingresos.
La directora Comercial de Mapfre Costa Rica explicó que la planificación tampoco debería limitarse a determinar cuánto dinero existe disponible. Esto porque las familias necesitan conocer sus obligaciones financieras, dónde se encuentran los documentos importantes, cuáles cuentas bancarias existen, quiénes son los beneficiarios designados y cómo se cubrirían los gastos esenciales durante una emergencia.
También deberían discutirse anticipadamente aspectos relacionados con la educación de los hijos, las deudas pendientes, la administración del patrimonio y quién asumiría determinadas responsabilidades si alguno de los miembros de la familia fallece o no puede continuar haciéndolo.
La planificación debe cambiar conforme cambia la familia
La ejecutiva de Mapfre Costa Rica señaló, además, que no existe una única etapa para comenzar a prepararse. Añadió que el momento para hacerlo llega desde que una persona comienza a asumir responsabilidades financieras relevantes.
Formar una familia, tener hijos, adquirir una vivienda, asumir créditos importantes o convertirse en el principal proveedor económico del hogar son algunos acontecimientos que deberían llevar a revisar las necesidades de protección existentes.
Dentro de esa estrategia, los seguros funcionan como una herramienta complementaria para transferir parte del impacto financiero de determinados riesgos. Dependiendo de las necesidades de cada hogar, existen coberturas relacionadas con fallecimiento, gastos médicos, enfermedades graves o pérdida de ingresos por incapacidad. La selección debería responder a las responsabilidades familiares, dependencia económica, deudas y etapa de vida de cada persona.
Según datos de la Superintendencia General de Seguros (Sugese)1, en Costa Rica, al cierre de junio de 2026, las pólizas de salud mostraron un crecimiento dentro del mercado asegurador, alcanzando los ¢124.000 millones en primas. Sin embargo, añade Piedra, contratar un seguro constituye solamente una parte de una estrategia más amplia.
Mencionó que, para una familia que nunca ha realizado una planificación de este tipo, el primer paso consiste en elaborar un diagnóstico de su situación actual, identificando ingresos, gastos, deudas, ahorros y principales riesgos. Posteriormente, debería establecer un fondo de emergencia, definir prioridades y determinar cuáles escenarios tendrían mayor impacto sobre su estabilidad económica. Así también podrán tomar la mejor decisión a la hora de adquirir los seguros que mejor se acoplen a su respectiva etapa y situación.
“La planificación no elimina los riesgos, pero sí permite que las familias estén mejor preparadas para enfrentarlos, proteger su patrimonio y preservar su calidad de vida cuando más lo necesitan”, concluyó la directora Comercial de Mapfre Costa Rica.